CRES, Conferencia Regional de Educación Superior:

Un debate sobre el Sistema Educativo de la región

  •  A cien años del Manifiesto de Córdoba, se reunirán en Argentina rectores, directores, académicos y estudiantes en la reunión preparatoria de la Conferencia Mundial de Educación Superior de la UNESCO.  
  • La autonomía universitaria y la calidad serán algunos de los tópicos del encuentro, que desde sus perspectivas particulares fueron abordados por los especialistas internacionales invitados por CINDA para su seminario “Educación Superior para el siglo 21”.

 

El Manifiesto de Córdoba fue la primera instancia de acción estudiantil, que se constituyó como uno de los aportes fundamentales para la “democratización” de la educación en Argentina y en América Latina y el Caribe. Justamente en junio de 2018 se cumplirá el centenario de ese acontecimiento histórico que inspira el quehacer académico por la pertinencia de sus principios, donde la autonomía y la calidad establecen las bases para identificar los desafíos potenciales de la región. La III Conferencia Regional de Educación Superior, CRES, reunirá a rectores, directores, académicos y estudiantes, con el objetivo de delinear un plan de acción para la educación superior de la próxima década. 

 

María José Lemaitre, directora ejecutiva de CINDA, y responsable del primer eje temático de la CRES destaca la importancia de relevar la misión institucional como base para el aseguramiento de la calidad en una perspectiva de autonomía responsable, y la necesidad de valorar y reconocer la diversidad de proyectos educativos en el campo de las políticas públicas

 

De acuerdo al análisis de Juan Morales Ordóñez de la cátedra Unesco, “la autonomía es un principio básico que sostiene que la universidad debe ser gobernada sin intervención del poder político, dictando sus propios estatutos  y normativa legal, y definiendo sus programas de estudio, líneas de investigación, formas de gestión y estrategias de vinculación con la colectividad, para lo cual el Estado debe garantizar su independencia financiera respetando los presupuestos aprobados. La autonomía es fundamental y la educación superior no debe estar al servicio de ninguna ideología o interés político”. 

En enero de este año, CINDA realizó en Santiago de Chile su seminario “Educación Superior para el siglo XXI, contando con la asistencia de 11 conferencistas internacionales que abordaron desde las grandes reformas hasta nuevas dinámicas de colaboración. En esa ocasión, los expertos Peter Maassen, de la universidad de Oslo, y Jairo Cifuentes, de la Pontificia Universidad Javeriana, se refirieron a la autonomía universitaria y la calidad, que justamente formarán parte de algunos de los tópicos de CRES. 

En su conferencia, Peter Maassen, consideró que “un concepto clave en las políticas de Europa continental ha sido la autonomía en la educación superior, cuando se iniciaron en la década de los ’80 las primeras reformas institucionales en Holanda, Bélgica, Suecia, Austria, Noruega y Finlandia. Algunos supuestos básicos se fundamentaron en que las universidades autónomas podrían responder de manera más eficaz a las necesidades de diversos actores en el mercado del conocimiento, avanzando hacia la diversidad y una integración sistémica saludable. 

 

Peter Maassen, de la Universidad de Oslo, relacionó en el seminario de CINDA la cultura de la calidad con una autonomía viva, donde se interpretan y operan adecuadamente las relaciones entre el Estado y las universidades

 

“La cultura de la calidad –agregó Maassen- puede ser un instrumento para preguntarse acerca de cómo funcionan las cosas, cómo funcionan las instituciones, con quién se relacionan y cómo se ven a sí mismas. El problema es que se interpreta como una respuesta a los desafíos, cuando en realidad es un concepto para identificar los desafíos potenciales”. 

Esta cultura requiere de centros para la excelencia, actividades de desarrollo profesional, mejorar el desempeño en la docencia e involucramiento de los estudiantes en la innovación educativa, además de liderazgo, comunicación, valores, recursos y capacidad. Por tanto, es crucial vincular la cultura de la calidad con una “autonomía viva”, donde se interpretan y operan adecuadamente las relaciones del Estado y las universidades, con un acoplamiento externo e interno.

Por su parte, Jairo Cifuentes afirmó que “la autonomía universitaria es una de las notas características de la universidad, es decir, uno de los aspectos inherentes e inseparables que determinan la naturaleza institucional. Nos corresponde como sociedad, lograr una visión compartida y construida participativamente. El sistema de educación superior deseado no puede ser creación de un pequeño grupo de sabios iluminados, ni de unos expertos contratados para redactar un documento, o de unos legisladores que se aproximan de manera ocasional. Cuando las políticas y los sistemas no han sido construidos colaborativamente, la autonomía universitaria se atropella”.

 

Jairo Cifuentes, de la Pontificia Universidad Javeriana, afirmó que “el sistema de educación superior no puede ser creación de un pequeño grupo de sabios iluminados porque cuando las políticas no son construidas colaborativamente la autonomía universitaria se atropella”

 

Para Jairo Cifuentes la autonomía es un llamado a la necesidad de legislar con conocimiento experto y con calidad. Hoy los gobiernos se preocupan sobre todo por el aporte de las universidades al crecimiento económico a través de una gestión eficaz de sus recursos, a las cuales se suman una amplia variedad de instituciones más difíciles de supervisar. La autonomía no puede entenderse como sinónimo de arbitrariedad, discrecionalidad o soberanía educativa, puesto que es un derecho – privilegio, que implica responsabilidad. 

María José Lemaitre, directora ejecutiva de CINDA y quien estará a cargo en la CRES del eje temático sobre la educación superior como parte del sistema educativo de América Latina y el Caribe, señaló que los desafíos se refieren directamente al ejercicio con responsabilidad de la autonomía universitaria, en su carácter de “derecho facilitador” para asegurar la realización, calidad y pertinencia de los proyectos educativos institucionales. 

En el plano institucional, los dos grandes desafíos son la superación por parte de las universidades del enfoque formalista y burocrático de los procesos de aseguramiento de la calidad y el consecuente fortalecimiento de la mirada crítica a la realización de su misión y de la cultura de la evaluación; y la superación de la concepción de la acreditación como un fin y no como un medio para la mejora continua. A nivel de política pública, es necesario, por una parte, evitar utilizar los mecanismos de aseguramiento de la calidad como un sustituto de políticas o confundir la función de control de calidad con la de garantía y fomento de la mejora continua; por otra, reconocer y valorar la diversidad, tanto institucional como de proyectos educativos institucionales, en los mecanismos de aseguramiento de la calidad.

Para Jairo Cifuentes, la autonomía universitaria no se asegura sin autorregulación, sin alta calidad, sin un buen gobierno institucional. Además, es una dimensión sine qua non para que la universidad pueda ser conciencia crítica de la sociedad. Ninguna otra institución pública o privada, u organización social tiene la capacidad para prestar este servicio a la sociedad.  

Estas temáticas y otras – internacionalización, interculturalidad, desafíos sociales, investigación e innovación, desarrollo sostenible – serán analizadas en la III Conferencia Regional de Educación Superior, CRES, organizada por el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe, Iesalc-Unesco, con el concurso de redes académicas activas de los Consejos de Rectores de América Latina y el Caribe. 

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